domingo, 26 de mayo de 2013






Los expulsados del coro
no llevan pantalones a la moda,
ni camisas de marca,
Llevan en la plantilla del zapato
enormes agujeros
que recuerdan que todo tiene un tiempo.
Sus huesos, encogidos de invierno,
los cubren con abrigos de prestado
por alguna parroquia de algún barrio.
Algunos llevan carros
repletos de cartones y enseres recogidos
en las puertas de todos,
que habrán de ser la cama que cobije su cuerpo,
quizá si tienen suerte,
bajo el techo misericorde
de un cajero automático.

Los expulsados del coro,
cada día son más,
cada día son  tantos,
que se muestran visibles;
mas si nos los cruzamos,  
hacia lados opuestos erramos las miradas
porque todos nosotros,
hemos acomodado las neuronas
a ignorar "los sin techo".


Montse Grao.