lunes, 30 de septiembre de 2013

PERDIENDO EL MIEDO



Foto de Publico.es


Ayer, viendo la multitudinaria  manifestación de Palma de Mallorca (no fue la única de las islas), me pregunté el por qué no han salido los pensionistas ¿de qué color tendría que ser esa marea? Los pensionistas, los futuros pensionistas inmediatos, los hijos y nietos de los pensionistas... El por qué no hemos salido a la calle para protestar contra los recortes sanitarios, (la marea blanca sólo se ha visto en Madrid) los cierres de quirófanos, de centros de salud, de pruebas diagnósticas. El por qué no hemos salido a la calle contra las reducciones del subsidio de desempleo, el por qué la gente pasa de las tasas judiciales, de la privatización de la justicia, de casi todo.

Tenía que ser una medida como la de Bauzá la que haya movilizado a profesores, padres, estudiantes, abuelos... a toda la sociedad balear. Miles y Miles de personas vestidos de verde. La imagen era preciosa. ¿Tenemos que formar más mareas? ¿De qué color nos vestimos si salimos a protestar contra las políticas del Gobierno? ¿o de los 18 gobiernos? ¿De negro? ¿el negro elegido por los fucionarios públicos sería el color? O nos vamos vestidos de calle. 

Sería lo mismo, aunque bien hay que reconocer que el colorín da un toque como más reivindicativo, además, hacemos un favor a los fabricantes de camisetas, que el textil anda muy mal, a los serígrafos, a los comerciales de la prenda en cuestión.  Si saliéramos a la calle todas las mareas, formando esa  interminable cifra de descontentos, un colapso en cualquier rincón de esta España maltratada, aparecería un arco iris. No un arco iris como símbolo de la homosexualidad, que también; sino el arco iris de la esperanza, el arco iris que todos queremos, el que nos avisa que la tormenta escampa, y que estos ricos de siempre, los dueños del dinero, los que  se criaron entre tatas y coches de lujo, ( y los que se subieron en el carro de  la abundancia)  que hoy están gobernando, se larguen con el rabo entre las piernas.

Son los de toda la vida, los que nunca han sentido nada hacia el ciudadano que no fuera como ellos, los que trataron y tratan al servicio como si fueran esclavos. Los que te pisan el cuello con su desprecio.  Aprendieron en la cuna y desde la cuna han crecido, superando una democracia que les venía grande y a sabiendas que mintiendo y con paciencia, tendrían su recompensa. Durante  30 años, supuraron pus y bilis esperando el traspiés de esta democracia deforme nacida de una transición deforme.

Y aquí están de la mano de la crisis, encantados de haberse conocido. Ya no disimulan su ideología fascista y nazi, ya no ocultan el Cara el Sol, ni la bandera del aguilucho, algunos saludan brazo en alto, como los césares, como Mussolini, como Hitler, como José Antonio Primo de Rivera, como Franco.

Y de la mano de la crisis, mienten, aplican la austeridad que les manda Alemania (ah, no que es la Troika -¡Ja!) y de paso aplican ideología, atemorizando a las masas.

"¿Que todos tengan acceso a la Universidad? No, ni hablar, que cuanto más estudian más piensan"
"¿Sanidad universal? De ninguna manera, los pobres salen caros, y ¿para qué matarlos? van a morir igual. ¿para qué campos de exterminio? Eso no es popular, es mejor dejarlos sin medicinas.
"Y por si acaso osan quejarse, reformamos el Código Penal y los hacemos delincuentes de un plumazo".

Y seguiría y seguiría, pero me falta tiempo.

Hay que recuperar la calle. Tenemos que ser capaces de rebelarnos, de defender todos y cada uno de los derechos que nos están quitando, empezando por el de la libertad.

¿Que cómo se consigue?

PERDIENDO EL MIEDO.